viernes, 23 de marzo de 2012

Ressources humaines

Excelente película que reproduce algunos de los mecanismos perversos se dan en las empresas. Durante el coloquio alguien afirmó que la película había quedado obsoleta en sus planteamientos. Si bien es cierto que la variedad de modelos de empresa ha aumentado extraordinariamente, el que aquí nos presenta Laurent Cantet, sigue teniendo plena vigencia. Entremezclada con la trama empresarial hay otra de carácter familiar que nos habla del salto generacional, bien engarzada y con algunos de los momentos más emocionantes y tensos del film.

Cicle de Cinema Resistències i dissdències.
Minicle Ciutat Líquida.
Viernes 23/03/2012
Auditori del Jardí Botànic.
València.



sábado, 24 de septiembre de 2011

Los nombres esenciales del arte urbano y del graffiti español


Los nombres esenciales del arte urbano y del graffiti español. Mario Suárez. Lunwerg Editores. Barcelona, 2011.

El libro apareció reseñado en el Extra de Babelia El reverso de la belleza ¡Nada menos que una página! El autor del libro, como no, escribe para El País. Leo el artículo y me lanzo de cabeza a por un ejemplar en la librería. La cosa pinta bien.

Vaya por delante que el libro me parece muy recomendable. Me entusiasma, como no, comprobar el importante número de artistas reseñados que realizan sus intervenciones habitualmente en las calles de Valencia. Hace tiempo que pienso que esta ciudad se ha convertido en una de las capitales del graffiti y el street art a nivel nacional. Pienso además que el libro era necesario, pues aunque está apareciendo bibliografía sobre el tema, las referencias son insuficientes y de contenido casi exclusivamente gráfico y éste que nos ocupa es de los que ayudan a conformar un canon y generan un aparato crítico.

Y es en este punto donde cabe establecer unos cuantos peros a la obra. Porque ni son todos los que están, ni están todos los que son, si atendemos a las intenciones mostradas en el título. Y si no ¿dónde están Okuda o Sex? ¿Cómo Only, Hyuro o todos los miembros de la XLF, tienen su paginita de gloria, indiscutiblemente por méritos propios, pero se obvia a Escif, un artista que está adquiriendo relevancia internacional y que además realiza una ingente labor dinamizadora? ¿Y qué decir de la práctica inexistencia de writers, verdadero núcleo y fuente del graffiti en el cuerpo de la obra? Y es que letras hay pocas, mientras que la presencia del postgraffiti es mayoritaria, aunque en el título aparece muy destacada la palabra graffiti sobre arte urbano.

Otro inconveniente es de caracter temporal. El corpus establecido por Mario Suárez es plenamente del siglo XXI. Todas los fotografías y autores pertenecen a los últimos 3 años. Quiero decir con ello que hay 30 años de historia del graffiti español sin representación en la obra, a excepción de Muelle, cuya figura es el núcleo de la breve introducción a la historia del graffiti en España.

Todo ello me lleva a especular que el título es una imposición editorial y que Mario Suárez ha hecho lo que le ha apetecido: homenajear y contribuir a la mitificación de un héroe local, y relacionar a los artistas actuales que, por una razón u otra, le han seducido. Y sobre esto no cabria crítica alguna, si el título no indujera a engaño.

domingo, 7 de agosto de 2011

Rolland Fisher en el DA2


Creo que fue en el IVAM donde pude ver hace unos años las fotografías de Bernd y Hilla Becher, los padres de lo que se llamó Escuela de Düsseldorf. El matrimonio Becher se dedicó a una fotografía de tipo documental cuyo valor artístico no se estableció hasta pasados muchos años. Viajaron por todo el mucho fotografiando centenares de edificios, principalmente de carácter industrial, componiendo una obra que se desarrolló en base a series temáticas exhaustivas, en las que calidad técnica y el rigor compositivo buscaban destacar el objeto fotografiado desentrañándolo en la medida de lo posible de su entorno.
Bernd y Hilla Becher. Silos.

Años después, he tenido la suerte de ver en el Domus Artium de Salamanca una retrospectiva de la obra de Roland Fischer titulada Photoworks 1984-2011. Aunque el fotógrafo alemán se desvincula de la Escuela de Düsseldorf, las similitudes son evidentes, hasta el punto de que podríamos hablar de fotografía post-becher. Y es que Fischer desarrolla series durante años que responden a tipologías y temas muy específicos, valiéndose de fotografías de gran formato realizadas con un rigor formal incuestionable.

Aunque todas las series presentadas pertenecen a los géneros fotográficos de la arquitectura y el retrato, también se niega en este caso la mayor, alegando que Fischer sobrepasa los géneros, que son utilizados como mera escusa. Pues eso son los géneros en el arte, digo yo, meras escusas que a base de repetirse generan tópicos de los que los grandes artistas han de tratar de huir. Polémicas al margen, la obra de Roland Fischer resulta sorprendente y en ocasiones fascinante, así que, si no me engaño al haber sido seducido tan fácilmente, estamos ante un gran fotógrafo.

Fischer juega al ocultamiento de identidades mediante la creación de series, la descontextualización más absoluta, la confusión de elementos símiles o la pura abstracción, como vemos a través de las siguientes series:

Nuns and Monks
Con esta serie de los años 80 Fisher se convirtió rápidamente en un fotógrafo reconocido.  Aunque existen elementos de serialización (pieles, edades, hábitos, descontextualización) el rigor formal  se rompe al permitir poses diferentes a los primeros planos más frecuentes. Además los rostros se imponen con dureza y permiten entrever unas vidas que culturalmente nos resultan reconocibles.



Chinese pool portraits y Los Ángeles Portraits
En estos retratos los peinados, el maquillaje, el busto clásico emergiendo de una piscina de aguas azules producen un efecto descontextualizador tan poderoso que las mujeres retratadas se nos escapan y poco podemos vislumbrar de la psicología de unos rostros de apariencia serena. Reconocemos la individualidad a través de los diferentes rasgos físicos, pero está totalmente carente de contenido y resulta meramente formal.



Farmers, soldiers, Students, Workers
Si en la serie anterior los elementos referenciales se nos ocultaban, en esta tenemos tan sólo la mera ocupación de los individuos. Sin embargo la sucesión de centenares de pequeñas fotografías, los oculta en una masa y la carencia total de referentes, de narración , de vínculos entre ellos,  hace que los aislamos mediante la observación casual y arbitraria.



Cathedral and Palaces
En sus series de arquitectura el fotógrafo hace un uso potente de las tecnologías digitales. Esta serie, especialmente atractiva, juega a la fusión de elementos símiles del interior y el exterior de los edificios que representa. Aunque en esta ocasión los edificios puedan resultar identificables, lo cierto es que se trata de una identidad confusa  al focalizar elementos arquitectónicos reconocibles que se representan en ambos espacios.


New Arquitectures
La de-construcción de edificios de arquitectos famosos mediante el uso de la tecnología digital crea imágenes abstractas que no son reconocibles como mera fotografía.



Façades
Se trata de una serie de puro virtuosismo minimalista en la que nada es reconocible, ni los edificios fotografiados ni los elementos arquitectónicos. En esta ocasión la serie se da en cada fotografía, mediante la selección de elementos repetidos en las fachadas de grandes edificios corporativos, totalmente aislados y tratados digitalmente para eliminar todo aquello que no se atiene a la forma  pura y el color plano. La serie general viene determinada por esta voluntad de pura abstracción.







martes, 11 de mayo de 2010

Telescopi

El panorama de la música popular en catalán, heredera de una importante tradición, es variado y rico, y de una cualidad excepcional, aunque evidentemente no tan abundante como el que podamos encontrar en lenguas mayoritarias debido a cuestiones comerciales y de repercusión mediática. Desde luego despunta en el terreno del folk (especialmente en Valencia con grupos como los históricos All Tall a los renovadores L’Ham de Foc) o de la canción de autor. Aquí la relación sería infinita, desde un Pau Alabajos como representante de la nueva hornada a las consagradas Marina Rosell o Maria del Mar Bonet, como ejemplos de autoras con repercusión fuera de los territorios de habla catalana.
Hacer música en catalán es fácil, pero entrar en determinados circuitos y mercados es realmente complicado. Tal vez por esta razón estilos más estereotipados y comerciales como el pop-rock no facilitan la tarea y aunque la caterva de grupos es considerable la mediocridad, la emulación, la repetición de fórmulas agotadas, una cierta falta de ambición, la festividad como recurso fácil han señoreado sobre este estilo y en esta lengua con una impunidad difícil de explicar tras unos inicios tan esperanzadores de la mano de gente como Pau Riba allá por los 60.

Sin embargo hay signos de que la cosa está cambiando. Todavía me relamo de gusto cuando escucho el «Taxi» de los mallorquines Antonia Font, un disco de sonoridades frescas y temática original con un buen puñado de temas maravillosos y un nivel medio sobresaliente.

Lo último que me está entusiasmado, aunque se publicó hace ya algún tiempo (2008) es «Telescopi», de los catalanes Plouen Catximbes. Utilizo el gerundio porque estoy en ese proceso de escucha adictiva rayana en lo obsesivo, todavía disfrutando del sonido y descubriendo matices.

Pervive en algunos temas el sonido reggae que marcó la trayectoria de Plouen Catximbes en su trayectoria anterior, pero se notan nuevas influencias (muy acusada la de los Planetas) que hacen que el disco suene muy de los 90, con una personalidad particular, algo oscura, melancólica y desde luego más pop que rock. En ocasiones he tenido la sensación de estar escuchando música en inglés por el modo en que ha sido tratada la voz, es cierto, pero también por la dificultad para encajar estos sonidos en el contexto del que procede la música. Es un disco de fondo, de esos que entran bien a la primera y gana terreno con cada escucha. No os lo deberíais perder, sin duda merece una oportunidad.

lunes, 10 de mayo de 2010

¿El graffiti es arte?

Hace unos días, Paula, de Barcelona, me pedía que le hiciera algunas consideraciones sobre el graffiti. Al parecer pretendía entregar un trabajo sobre el tema en el que la premisa era la consideración del graffiti como una manifestación artística. Esta cuestíón ha surgido en multitud de conversaciones cuando mis amigos se enteraron que me dedicaba a fotografiar graffiti.

Es imposible responder de una manera clara a la pregunta ¿el graffiti puede ser condiderado arte?. Lo primero que habría que definir es qué es arte y qué es graffiti y, a partir de ahí determinar si la segunda definición tiene cabida en la primera.

Voy ha hacer algunas consideraciones al respecto, puntualizando que en este escrito me refiero al graffiti en sus formas de expresión plástica más evolucionadas por ser estas las más susceptibles de ser consideradas “artísticas” sin pretender por ello afirmar que formas más sencillas, como los tags, no son graffiti.

Desde un punto de vista académico arte es aquello que los expertos consideran como tal y cuando digo expertos me estoy refiriendo a críticos, mecenas privados o públicos (museos), compradores, etc. En definitiva, el arte es definido por el aparato crítico y el mercado. Así el cuadro de un pintor anónimo que se expone para la venta en una tienda de muebles no es arte, ya que la crítica no lo considera como tal (aunque esté en el mercado) mientras que un orinal expuesto en un museo puede ser un objeto artístico si así lo consideran el artista que ha creado la instalación y los responsables de la institución, adquiriendo de inmediato un valor de mercado.

Desde esta perspectiva cualquier objeto es susceptible de llegar a ser considerado una obra de arte. El graffiti también. De hecho existen multitud de artistas del graffiti que han expuesto en museos y vendido sus piezas. Bien es cierto que cuando entran en esta dinámica pasan a ser considerados más pintores que escritores de graffiti.

Los escritores de graffiti “respetables” se mueven en un ámbito ambiguo entre el arte, el diseño y la decoración, aunque ninguno de estos tres campos sea significativo de la trama real del graffiti, que es ante todo transgresora lo que le confiere un carácter necesariamente marginal.

El arte se inscribe totalmente dentro de los parámetros del orden social, es trasgresor casi en exclusiva con respecto a su propio lenguaje. El graffiti también posee un lenguaje propio que no tiene nada que ver con el lenguaje del arte pictórico y aunque pueda parecer paradójico ha sido muy conservador y celoso en su custodia. Sin embargo el graffiti actual está buscando nuevas y variadas formas de expresión, transformando su propio lenguaje, lo que es fabuloso porque significa que se reconoce, que lleva a término un proceso de crítico, que es capaz de desarrollarse y sobrevivir en nuevos modelos comunicativos. Considero que esto le confiere una madurez creativa que hasta ahora no poseía y sobre todo lo dota de una riqueza nueva.

Quiero insistir en el hecho de que resulta fácil confundirse y establecer falsas equivalencias entre el arte pictórico y el graffiti. Esto no dejaría de ser una torpeza ya que, aparte de la mancha de color sobre una superficie no existen muchas más similitudes entre ambas actividades: ni el contexto social, ni el impulso original, ni la técnica tienen parangon.

En un cierto sentido el graffiti es superior a la pintura. Por supuesto la corta historia del graffiti no se puede comparar con la larga, rica y compleja tradición pictórica y mucho menos con la aportación que ésta ha hecho a eso que podríamos llamar “el espíritu humano”. Sin embargo en una época en la que las ciudades son recreadas por ordenador antes de su existencia y en que las instituciones públicas, las empresas privadas y las grandes corporaciones ordenan la vida de los ciudadanos “democráticamente” , el graffiti surge milagrosamente como una mancha que impregna la uniformidad impuesta de humanidad, individualidad, originalidad y frescura, se sobrepone a la fría mineralidad mediante su carácter orgánico e impone fantasmagóricamente la psique (nunca se sabe cuando o dónde va a aparecer, qué va a decir, quién va ha hablar) allí donde sólo se busca el silencio, imponiendo una nueva forma de admiración más sencilla, más cercana y más humana.

Lo que hace original y sorprendente al graffiti, lo que le da una dimensión única que no posee ninguna otra forma artística es ese carácter ¿voluntariamente? transgresor de la norma. La pintura no lo suele hacer y de atreverse siempre lo hace ordenadamente. Fuera de ese orden carece de valor económico y sin éste no merece ninguna consideración. Paradójicamente el valor económico diluye el graffiti hasta hacerlo desaparecer. La pintura siempre será un arte de salón, privado o público, pero entre cuatro paredes. El graffiti es necesariamente público, es un acto de exhibicionismo, una imposición de la voluntad individual, una gamberrada plasmada en un muro, aunque en ocasiones sea tolerada, pero lo es del mismo modo en que se permite que los coches aparquen en doble fila los días de partido.

Para terminar y volviendo al tema principal, desde un punto de vista académico difícilmente el graffiti puede ser considerado arte; tal vez con un buen calzador y desvirtuando elementos sustanciales del mismo. Pero si atendemos a una definición de arte más cercana e intuitiva, una definición subjetiva en la que primen elementos como la intencionalidad del escritor, la mirada del espectador, la capacidad expresiva de la obra atendiendo a sus valores técnicos, narrativos y/o abstractos, sin duda alguna el graffiti puede ser considerado arte. ¿Pero quién va a aceptar este criterio?

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